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Cómo las “fábricas de artículos científicos” chinas amenazan el progreso de la investigación

El sistema que utilizan provoca que mejoren de manera fraudulenta los números de su producción y conlleva serios riesgos.

Los investigadores chinos se convirtieron en las últimas dos décadas entre los más prolíficos autores de artículos científicos del mundo. En 2021, según el estadounidense Instituto de Información Científica, China alcanzó el 23% de la producción mundial de artículos, ubicándose apenas detrás de Estados Unidos. Al mismo tiempo, el año pasado el país asiático superó por primera vez a EEUU en el número de artículos más citados.


Pero esos datos podrían estar distorsionados. Inflados por “fábricas de artículos científicos” que los investigadores chinos utilizan para mejorar de manera fraudulenta los números de su producción, según una extensa investigación del diario Financial Times.


“Los expertos afirman que la impresionante producción china oculta ineficiencias sistémicas y un trasfondo de investigación fraudulenta y de baja calidad. Los académicos se quejan de la aplastante presión que se ejerce sobre ellos para que publiquen con el fin de obtener preciados puestos en las universidades de investigación”, escribe el influyente diario británico.


Según el Financial Times, las editoriales científicas de todo el mundo están cada vez más alarmadas por la magnitud del fraude. Una investigación realizada el año pasado por el Comité Conjunto de Ética en las Publicaciones (Cope) concluyó: “La presentación de presuntos trabajos de investigación falsos va en aumento y amenaza con desbordar los procesos editoriales de un número significativo de revistas”.


Cope describe las “fábricas de artículos científicos” como “organizaciones con ánimo de lucro, no oficiales y potencialmente ilegales que producen y venden manuscritos fraudulentos que parecen investigaciones auténticas”.


Las estimaciones sobre el alcance de la producción científica falsa varían enormemente, desde el 2% hasta el 20% o más de los artículos publicados. Hay acuerdo general en que China es uno de los peores infractores del mundo, aunque Cope señala que las papeleras “no se limitan en absoluto a China”.


El problema es que ningún editor, ni siquiera el más vigilante, tiene capacidad para eliminar todos los fraudes. Las retractaciones son raras y pueden tardar años. Mientras tanto, los científicos pueden basarse en los resultados de un artículo falso. En el ámbito biomédico esto es tanto más preocupante cuanto que el objetivo de muchas investigaciones es el desarrollo de tratamientos para enfermedades graves.


Una práctica extendida


En China, la práctica está tan extendida que en sitios chinos de comercio electrónico como Taobao proliferan los intermediarios en línea que venden investigaciones por encargo. Recientemente, un intermediario que se anunciaba en Taobao cobró a sus clientes 800 dólares por enviar un artículo a una publicación médica nacional de nivel medio, escribió el FT.


Beijing ha introducido sanciones contra el uso de “fábricas de artículos”, incluida la prohibición de que los investigadores infractores soliciten financiación pública. Pero la escasa aplicación de la ley hace que esta práctica siga siendo habitual.


La proliferación de investigaciones dudosas que ha acompañado a la emergencia de China como potencia científica y tecnológica también han llamado la atención de una serie de académicos independientes que vigilan la producción del país.


El Financial Times citó el caso de David Bimler, un psicólogo de la Universidad Massey de Nueva Zelanda que identificó 150 artículos biomédicos de la Universidad de Jilin que utilizaban los mismos conjuntos de datos y llegó a la conclusión de que la institución tenía una “fábrica de artículos interna.”


Elisabeth Bik, una microbióloga californiana que pone de relieve casos de mala ciencia, formó parte de un equipo que examinó 20.000 artículos biomédicos de autores de todo el mundo y descubrió que 800 tenían casos de “imágenes duplicadas de forma inapropiada”.

“Los artículos de China tenían una probabilidad superior a la media de contener imágenes problemáticas”, dijo al FT.


Uno de los motivos por los que los investigadores chinos recurrirían con mayor frecuencia a las “fábricas de artículos” es la enorme presión que enfrentan para publicar. Es que cuánto más trabajos publican, más posibilidades tienen de acceder a recursos públicos y lograr mejores puestos. El Instituto de Información Científica calcula que en China hay más de 2 millones de investigadores que compiten por los fondos de los gobiernos central y locales.


“Para sobrevivir en el mundo académico chino, tenemos que cumplir muchos indicadores clave de rendimiento. Por eso, cuando publicamos, nos centramos más en la cantidad que en la calidad”, dijo al FT un profesor de física de una destacada universidad de Beijing. “Cuando los posibles empleadores miran nuestros currículos, es mucho más fácil que juzguen la cantidad de nuestros resultados por encima de la calidad de la investigación”.

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