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La depresión es una enfermedad mental: cómo detectar las señales para ayudar a quien la sufre

Este trastorno no es una cuestión de falta de voluntad, ni elección personal. En el Mes de la Prevención del Suicidio, cómo acompañar y cuándo consultar al médico.


La depresión no es estar triste, es una enfermedad, como tantas otras que conocemos. No es una reacción normal a una situación difícil de la vida y tampoco es una cuestión de carácter o de poca fortaleza y no es una elección de la persona que la padece.


Quienes sufren depresión también pueden sonreír, contar un chiste, publicar una foto alegre en las redes sociales o viajar y pasear en familia. Sin embargo, su sufrimiento está ahí, intangible, quizás porque la persona hace lo que puede para ocultarlo. Es una enfermedad generalmente influenciada por determinantes de tipo biológico, psicológico, social o emergente


La Organización Mundial de la Salud (OMS) señala que la depresión es un trastorno mental común y es la principal causa mundial de discapacidad. Se estima que en todo el mundo el 5% de los adultos padecen este trastorno, lo que equivale a unas 300 millones de personas a nivel global.


En la Argentina, un estudio epidemiológico realizado en 2018, mostró que el 8,7% de los adultos presentarán un trastorno depresivo mayor en algún momento de sus vidas. De la investigación participaron la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires (UBA), las universidades de California y también la de Harvard, EEUU, del análisis participaron más de 4.000 personas mayores de18 años.


Para visibilizar este escenario, Septiembre Amarillo es una iniciativa de la Organización Mundial de la Salud para el mes de la prevención del suicidio y, particularmente, el día 10 de septiembre como el Día Mundial de la Prevención del Suicidio.


El doctor Marcelo Cetkovich, psiquiatra, director médico de INECO y vicepresidente de la Asociación Argentina de Psiquiatras (AAP) señaló que la salud mental suele ser estigmatizada, fundamentalmente por ignorancia: “Las personas tienen ideas distorsionadas respecto de las razones por las que alguien desarrolla un cuadro depresivo. Esto se traduce en una gran cantidad de prejuicios: se cree que es una cuestión de voluntad, se le dice ‘ponete la pilas, hacé ejercicio’. Hay que comprender que existen determinantes complejos para el desarrollo de esta enfermedad, se trata de una trama compleja de interacción de factores biológicos, genéticos, psicológicos y medioambientales que llevan a la depresión”.


La falsa creencia más divulgada supone que la depresión es una cuestión de elección. “Es una enfermedad que afecta el ánimo, la concentración y la capacidad de disfrutar. Muchas veces, se considera que una persona que está deprimida podría salir adelante simplemente ‘con voluntad’ y esto no es así, porque justamente la depresión es ‘la’ enfermedad de la voluntad y energía. Esto, a su vez, provoca pensamientos negativos acerca de uno mismo y de las decisiones que se toman, por lo que la persona se siente insegura y tiende a aislarse”, explicó la doctora Teresa Torralva, psicóloga, doctora en Medicina y jefa de Neuropsicología de la Fundación INECO.


Los especialistas destacan la importancia de estar atentos a los determinantes que pueden favorecen la aparición de la depresión, ya que es un trastorno mental que aumenta el riesgo de desarrollar otras enfermedades, como el consumo abusivo de sustancias o afecciones cardiovasculares.

“Estos determinantes pueden ser desde biológicos, psicológicos, sociales y también emergentes. Entre los primeros, se encuentra la genética. Si una persona tiene, por ejemplo, muchos genes asociados a la depresión, presenta más chances de desarrollar el trastorno. Esto no significa que indefectiblemente lo vaya a tener, sino que tiene una vulnerabilidad biológica mayor”, indicó la doctora Micaela Dines, psiquiatra del departamento de Psiquiatría de INECO.


El microbioma es otro de los determinantes biológicos. Las bacterias que pueblan el intestino se comunican con el cerebro a través de lo que se ha denominado la vía cerebro-intestino-microbioma. Un desequilibrio en las bacterias intestinales puede llevar a inflamación sistémica, lo cual tiene su correlato en el estado de ánimo, aumentando el riesgo de depresión.


Por otra parte, intervienen los determinantes psicológicos. La historia personal, la relación con las figuras de apego en la infancia, las experiencias individuales, la educación, la nutrición, el estilo de vida, las oportunidades, las vulnerabilidades y las enfermedades, van configurando una manera de ser, ver y experimentar el mundo.


A su vez, existen los determinantes sociales que pueden llevar al desarrollo de la depresión y aquí entra en juego una gran cantidad de situaciones o factores, que van desde lo económico, pertenecer a una determinada minoría, a pueblos originarios, ser mujer o ser víctima de violencia sexual o de abuso sexual infantil, entre otras. También intervienen las jornadas laborales extensas, jornadas nocturnas con altos niveles de burnout (síndrome de cabeza quemada) y también el bullying sufrido en el ambiente escolar.

“También influyen los determinantes emergente’ y aquí entrarían los factores ambientales como la contaminación, que se interrelaciona a su vez con los factores sociales, porque una persona que vive en peores condiciones está más expuesta a los factores ambientales desfavorables”, apuntó la doctora Dines.


Los determinantes de la depresión son complejos, por eso el foco tiene que estar puesto en detectarla lo más temprano posible y tratar de intervenir para prevenir el sufrimiento.

”Los trastornos mentales son los causantes de la mayor parte de las muertes por suicidio, siendo la depresión la principal. El suicidio es una de las principales causas de muerte en las personas de entre 18 y 25 años y la depresión explica esta situación en el 80 a 90% de los casos”, precisó el doctor Cetkovich.


La doctora Torralva explicó que “no hay que idealizar al suicidio, quitarse la vida no es una elección ni una expresión del libre albedrío; quien comete este acto lo hace porque siente que es su última opción. Tampoco hay que juzgar, porque esta persona sin dudas vive una batalla interna tremenda y lo único que lo lleva a esta decisión es terminar con ese dolor psíquico insoportable”.


La jefa de Neuropsicología de la Fundación INECO enfatizó que no hay que subestimar los avisos previos: “Se sabe que para cada caso de una persona que se quita la vida, existieron entre 10 y 20 tentativas de hacerlo; frente a la primera tentativa, hay que consultar a un profesional en forma urgente”.

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