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La trama de China e Irán para intimidar, acosar y planear atentados contra disidentes que viven en Estados Unidos

El Departamento de Justicia abrió causas contra docenas de sospechosos, mientras altos funcionarios del FBI afirman que las tácticas se han vuelto más sofisticadas y que los régimenes están más dispuestos a cruzar “serias líneas rojas”.

Después de que uno de los participantes en las históricas protestas de la plaza de Tiananmen se presentara a las elecciones al Congreso de Nueva York en 2022, un agente de los servicios de inteligencia chinos no tardó en contratar a un investigador privado para que buscara amantes o problemas fiscales que pudieran echar por tierra la candidatura, según la fiscalía.


“Al final”, dijo en tono ominoso el agente a su contacto, “la violencia también estaría bien”.

Mientras una periodista y activista iraní que vivía exiliada en Estados Unidos aireaba sus críticas a las violaciones de los derechos humanos en Irán, Teherán también escuchaba. Según el Departamento de Justicia, que desbarató el plan y presentó cargos penales, miembros de una banda de delincuencia organizada de Europa del Este vigilaron su casa de Brooklyn y planearon matarla en un plan de asesinato por encargo dirigido desde Irán.


Los episodios reflejan las medidas extremas adoptadas por países como China e Irán para intimidar, acosar y, en ocasiones, planear atentados contra opositores políticos y activistas que viven en Estados Unidos. Muestran las aterradoras consecuencias que las tensiones geopolíticas pueden tener para los ciudadanos de a pie, ya que gobiernos históricamente intolerantes con la disidencia dentro de sus propias fronteras vigilan cada vez más amenazadoramente a quienes se manifiestan a miles de kilómetros de distancia.

“No vivimos con miedo, no vivimos en la paranoia, pero la realidad es muy clara: la República Islámica nos quiere muertos, y tenemos que mirar por encima del hombro todos los días”, declaró en una entrevista el periodista iraní Masih Alinejad.

El asunto ha captado la atención del Departamento de Justicia, que ha abierto causas contra docenas de sospechosos. Altos funcionarios del FBI afirman que las tácticas se han vuelto más sofisticadas, y que los países están más dispuestos a cruzar “serias líneas rojas”, desde el acoso a la violencia, cuando tratan de proyectar su poder en el extranjero.


“Se trata de una gran prioridad para nosotros”, declaró el fiscal general adjunto Matthew Olsen, máximo responsable de seguridad nacional del Departamento de Justicia.

La tendencia es aún más preocupante si se tiene en cuenta el deterioro constante de las relaciones con Irán y las tensiones con China, que van desde el comercio y el robo de propiedad intelectual hasta la interferencia en las elecciones.


Uno de los principales culpables, según funcionarios y defensores, ha sido China. La embajada china en Washington negó que el país participe en esta práctica y afirmó en un comunicado que el gobierno “respeta estrictamente el derecho internacional”.


“Nos oponemos resueltamente a la ‘jurisdicción de brazo largo’”, decía el comunicado.

Sin embargo, funcionarios estadounidenses afirman que China creó un programa para hacer exactamente eso, poniendo en marcha la “Operación Fox Hunt” (Operación cada del zorro) para localizar a expatriados chinos buscados por Beijing, con el objetivo de coaccionarlos para que regresen para enfrentarse a cargos.


Un ex funcionario del gobierno de una ciudad china que vive en Nueva Jersey encontró una nota en caracteres chinos pegada en la puerta de su casa que decía: “Si estás dispuesto a volver a China continental y pasar 10 años en prisión, tu mujer y tus hijos estarán bien. Es el fin de este asunto”, según un caso del Departamento de Justicia de 2020 en el que se acusa a un grupo de agentes chinos y a un investigador privado estadounidense.

Aunque la mayoría de los acusados en tramas de represión transnacional residen en su país de origen, lo que hace raras las detenciones y los procesamientos, ese caso concreto condujo a la condena en Estados Unidos del investigador privado y de dos ciudadanos chinos.


Bob Fu, pastor cristiano chino-estadounidense cuya organización, ChinaAid, aboga por la libertad religiosa en China, declaró que lleva años soportando campañas de acoso de gran alcance. Grandes multitudes de manifestantes se han congregado durante días a las puertas de su casa, en el oeste de Texas, en acciones bien coordinadas que él cree que pueden estar vinculadas al gobierno chino.

Se han hecho falsas reservas de hotel a su nombre, junto con falsas amenazas de bomba a la policía en las que se afirmaba que planeaba detonar explosivos. Se han distribuido entre los vecinos octavillas en las que aparece como el diablo. Dice que ha aprendido a tomar precauciones cuando viaja.


“No me siento realmente seguro”, declaró Fu a AP.


Wu Jianmin, ex líder estudiantil del movimiento prodemocrático chino de 1989, fue atacado en 2020 por un grupo de manifestantes frente a su casa en Irvine, California.


“Gritaron consignas fuera de mi casa e hicieron abusos verbales”, dijo. “Desfilaron por el barrio, distribuyeron todo tipo de fotos y octavillas, y las echaron en los buzones de los vecinos”.

El año pasado, el Departamento de Justicia acusó a unas tres docenas de agentes de la policía nacional china de utilizar las redes sociales para atacar a disidentes dentro de Estados Unidos y detuvo a dos hombres que, según afirma, habían ayudado a establecer un puesto secreto de la policía china en el barrio de Chinatown, en Manhattan.


El año anterior, los fiscales federales revelaron una serie de complots de gran alcance para silenciar a los disidentes.


Además del poco conocido candidato al Congreso sobre la que China quería desenterrar trapos sucios, otras víctimas de acoso en el caso fueron la patinadora artística estadounidense Alysa Liu y su padre, Arthur, un refugiado político que, según los fiscales, fue vigilado por un hombre que se hizo pasar por miembro del comité olímpico y les pidió los datos de su pasaporte.


Raja Krishnamoorthi, representante demócrata de Illinois y miembro de una comisión especial de la Cámara de Representantes sobre China, dijo sobre los agentes chinos acusados: “No debemos hacernos ilusiones de que se trata de agentes deshonestos o de personas no afiliadas al gobierno chino”.


Alinejad, la periodista iraní, estaba en el punto de mira incluso antes de que el Departamento de Justicia revelara el año pasado el complot contra ella en el que estaban implicados agentes del crimen organizado. En 2021, la fiscalía acusó a un grupo de iraníes que, al parecer, trabajaban a las órdenes de los servicios de inteligencia del país, de planear su secuestro.


Sigue en activo como periodista y activista, y dice estar decidida a seguir denunciando los hechos. Pero los detalles del crimen están escalofriantemente grabados en su mente, y las causas penales dejan al descubierto la gravedad de la amenaza.


El FBI desbarató la trama, pero también la animó a mudarse, cosa que ha hecho. Pero eso también significaba decir adiós a su huerto, que le había dado alegrías al regalar a los vecinos pepinos y otras verduras cultivadas en casa.


“No me mataron físicamente, pero mataron mi relación con mi huerto, con mis vecinos”, dijo.

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