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Los perros viven en un mundo de olores y los humanos en uno de colores

Los canes pueden construir verdaderas imágenes olfativas que son capaces de recordar, clasificar y discriminar. ¿Es su nariz donde se centran las razones de sus comportamientos?

Amamos a los perros como fieles compañeros de ruta y, de hecho, lo son hace más de 30.000 años. Acompañan nuestro devenir y evolución. Los amamos en cualquier circunstancia, pero más aún cuando son cachorros. A partir de ese amor creamos un vínculo muy especial y estrecho, una relación única y particular basada en ese sentimiento incondicional que el perro nos ofrece.


Tener un perro es una experiencia única y diferente en cada caso que nadie debería dejar de vivir, aunque cuando son cachorros resulte, a veces, muy difícil seguirles el ritmo. Los cachorros destrozan, aniquilan objetos, se comen nuestras medias, zapatos y gorras y por ello nos agotan.


Si queremos saber las causas de porque atacan estas prendas sería bueno definir a priori que nosotros los seres humanos somos casi “analfabetos olfativos”, sobre todo si comparamos nuestro pobre olfato con el olfato canino, un millón de veces superior.


El motivo por el cual un perro prefiere estas piezas de nuestro atuendo radica en la fineza de su olfato, en su capacidad discriminatoria de olores y en la prodigiosa memoria que previa clasificación ejecuta sobre los aromas del entorno y sus afectos.


Muchos cachorros roban zapatos o zapatillas y se las llevan a sus cuchas para mordisquearlas tranquila y concienzudamente. Ese robo de zapatillas puede ser un gesto que mantenga entretenido al cachorro pero que, sin duda, molestará al ser humano.


Sin embargo, esta acción no es simplemente lúdica y tiene un significado muy profundo que no debe ser subestimado. Conocer la verdadera razón o motivo puede cambiar el enojo inicial en alegría o enternecimiento final. Este robo de zapatillas, zapatos, medias o gorras tiene un significado muy profundo en cuanto al vínculo y a la relación se refiere. Y a todo lo más profundo que nos conecta con nuestros perros.

Todas las opiniones coinciden en que se trata de un gesto de amor, que debido al sentido del olfato tan desarrollado de los perros los lleva a “apropiarse” de aquellas piezas que más concentran el olor de su tutor humano para tenerlo, de esa forma, lo más cerca posible. Es por eso que roba estas prendas concentradoras de olor, que le permiten establecer una conexión especial, muy cercana, con nosotros, a través del olfato.


Por medio del acercamiento físico a las zapatillas, las medias o a cualquier otra prenda nuestra, el perro, y sobre todo el cachorro, nos está diciendo que quiere estar con nosotros y nuestro olor, estableciendo un puente vigoroso, duradero y estable.


Queda ampliamente justificado tratar de no enojarse con el perro frente a esta actitud ya que lo que hará el adulto es atesorarlas sin dañar las prendas y el cachorro, por su proceso de dentición, tendrá tendencia a morder y destruir esos objetos, todo ello por amor.


El gesto tiene un valor emocional muy importante y trascendente para la vida futura del animal que contraindica el castigo bajo toda circunstancia. La situación puede resolverse reemplazando la zapatilla o lo que sea antes de su destrucción por un juguete habilitado al respecto.

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